Vittoria Rossi

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Vittoria Rossi

Mensaje por Anormal el Mar Ago 07, 2012 6:29 pm

Nombre del Personaje que Quiero Utilizar: Vittoria Rossi.

¿Por qué quiero este personaje?
Es un personaje que si bien aparenta ser patoso, torpe e ingenuo, realmente tiene unas capacidades extraordinarias y un gran corazón, además de que puede llegar a dar grandes sorpresas al resto de los Apostls y a todos en general. Creo que detrás de ese comportamiento torpe, se esconde una mente maestra capaz de engañar a todos.

¿Cómo llegó a ser parte de los apostles?:
Como bien lo dice, ella fue invitada. Pero ¿cómo encontrar a la mejor hacker? Ella misma se dejó encontrar por el resto de los Apostls, dejando rastros en la web, que se encargó de borrar a consciencia luego de haber obtenido la 'membresía'.
Como mujer informada que es, hackeando aquí y allá dio con unos archivos interesantes que hablaban de un grupo de personas con ciertos planes interesantes que llamaron su atención, y del mismo modo, intentó atraerlos a ella ¿Cómo? Hackeandolos a ellos, pero dejando sus huellas de un modo muy sutíl, como diciendo "aquí estoy yo, se todo sobre ustedes, y sé que me necesitan". Luego de una investigación y seguimiento por parte de unos esbirros de los Apostls, recibió un mail interesante en el que la invitaban a una reunión, y en la misma, le ofrecieron unirse, para terminar de conformar el grupo.

Prueba de Rol:

¡Ñam! ¡Que delicioso era el helado! Le encantaba llevarse grandes bocados, y dejar que el mismo se derritiera dentro suyo para terminar de degustarlo, aquella suave y efímera textura, esos sabores cuidadosamente preparados, si, definitivamente siempre adoraría al creador de aquella delicia. Pero no, no era momento para entretenerse demasiado con aquel orgasmo gustativo, no señor, era hora de trabajar.
Se sentó, acomodando su espalda contra el dosel de la cama, y cruzandose de piernas para ubicar sobre las mismas su notebook. Una vez encendida, sus dedos comenzaron a recorrer el teclado en forma febril, a una velocidad de vértigo. No confiaba del todo en el hombre que habían designado como Alcalde, así que Vittoria misma se encargaba de chequear los asuntos del hombre todos los días, buscando el más mínimo error. Tras unos escasos minutos, no encontró nada, por lo que se mordió el labio inferior ¿Tan equivocada estaba respecto de ese hombre? Mmm.. bueno, otro día más de incetidumbre, quizás no fuera malo después de todo. Se encogió de hombros, y siguió tecleando, ahora era el turno de informarse sobre todo lo que decían los medios a cerca de ellos, de Paradise City, y de todo en general, le gustaba estar informada, conocer todo lo que pasaba alrededor del globo, e intentar hacer un mundo un poquito mejor respecto a las injusticias de algunos gobiernos u empresas.
Justo cuando se había decidido para arruinar, en cierta forma, las barreras de algunas de las redes sociales, con el fin de que en varios países de oriente medio pudieran expresarse libremente a cerca de la realidad del país, alguien entra a su habitación sin llamar siquiera. Gian Franco... ¿Qué diablos hacía aquí?. Cerró el ordenador y se quedo mirando al masculino, a la espera de alguna explicación.
-¿Que pasa, bonita? ¿No te alegra verme? Anda, yo se que si.
Asco, eso era lo que sentía, un profundo asco por las personas como él. El rubio se acercó a ella y se sentó a su lado, lo que hizo que las mejillas de la castaña se colearan aún en contra de su voluntad, que vamos él era un Adonis en toda regla, y por más que le desencantara esa actitud que tenía, tan pagado de sí mismo, no podía evitar que su cuerpo reaccionara ante los incentivos del ajeno.
-¿No piensas dirigirme la palabra? Sabes que puedo hacer cosas muy... interesates para lograr oír el sonido de tu voz.
¡Diablos! ¿Por qué tenía que decir cosas como aquellas? Toda su cara hervía del calor que el otro le estaba haciendo pasar, la vergüenza que le hacía sufrir ¿es que jamás lo entendería?. -Y-yo.. tengo cosas que hacer.- Musitó tímidamente, intentando hacer contacto visual con el ajeno, pero bajando la vista al instante.
El hombre suspiró -¿Es que esos juegos son más importantes que yo? Me ofendes querida. Pero como quieras, luego te arrepentirás de haberme rechazado, no estaré detrás tuyo mucho tiempo.-
Toria suspiró, aliviada, al ver que el rubio salía de su habitación justo como había entrado. Tendría que cambiar la cerradura, rápido. Ya estaba harta de aquella clase de intromisiones y cosas raras con las que no sabía como lidiar. Revisó la hora, y decidió que le quedaba el tiempo justo para llamar al cerrajero, bañarse y llegar a tiempo a la próxima reunión con los otros 11 apóstoles. Ojalá que no se les diera por tomarla de blanco de sus chistes... ya tenía demasiado por ese día.


Anormal

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